
terminé de leer akira y siento que mi vida es ahora un poco más vacía. tras una maratónica lectura de dos días, leí los seis volúmenes de la que es, sin ninguna dudas, la obra de ciencia ficción más importante que ha producido japón en los últimos 50 años. y eso mucho decir, porque los japoneses inventaron a godzilla. pero fue akira las que les permitio ingresar en el mercado occidental, y por ender, conquistar el mundo.
siendo de la generación que descubrió el animé cuando evangelion se conseguía en vhs y en con subtítulos del fansub, es decir el mismo momento en que el animé pasó de ser algo realmente interesante a volverse un producto para la gilada, y habiendo creído que evangelion era y sería por siempre lo mejor que podría producir oriente en términos de cultura de masas, tuve la mala idea de ignorar y subestimar todo lo que venía de antes. a akira solo lo conocíamos por la película, un verdadero fenómeno de culto, una genialidad en movimiento, el punto máximo de la animación. pero claro, la papa estaba en el original. akira, el manga, es la síntesis de todo lo es que bueno en la ciencia ficción. escrita en el mismo momento en que gibson y sterling parían el cyberpunk, akira se anticipo diez años y dio, a la vez, porconcluído el género.
siendo ese el mismo momento histórico en el cual la humanidad estaba, de vuelta, al borde la extinción, era claro que el mejor lugar desde el cual podía salir la obra definitiva que tematizara los horrores de la bomba era del mismo japón. el primer cuadro de akira es la imagen de una burbuja negra que estalla en pleno tokyo y da inicio a la tercera guerra mundial. luego, como sí no importara, como si fuera apenas suficiente su mención para que pudieramos imaginarlo y olvidarlo, akira empieza su recorrido de montaña rusa por la cultura popular.
a la manera de lyotard, otomo da por quebrados todos los meta realtos al momento en que la bomba (akira) estallan y dan por concluída la historia. a partir de ahí, la humanidad solo puede dedicarse a recorrer autopistas derruídas hasta la croqueta de anfetas y esperar el final, que llega como mesías, y como diría pynchon: un grito que cruza los cielos. la aparente trama de conspiraciones detrás de las conspiraciones y secretos empieza y termina en el primero tomo, sensación opuesta a la que tiene la película: que todo esta por explicarse, que nada es claro, pero que hay algo, una verdad, una razón para todo lo que acontece. pero el volumen 2, y el principio del volumen 3, dan por sentado que eso no es importante, la explicación es circunstancial. el neo tokyo, el gran escenario, es una ruina habitada por niños hambrientos y drogadictos (como si tiraramos una bomba en buenos aires, y los únicos que quedarán fueran sus veradaderos dueños: los marginales), un imperio controlado por un autista y un psicopáta. a partir de entonces, y de una manera que solo podría plantearse en una serie larga, akira se interna en las tinieblas de la locura. los personajes enloquecen, la trama se enrolla, el protagonista (kaneda) es enviado a un viaje en el espacio tiempo y nos olvidamos de él, comienzan las mutaciones, los yanquis tratan de bombardear la ciudad y fallan, los personajes secundarios comienzan una guerra y una cacería, pero nunca nos queda claro porque, y tampoco nos interesa. en el final, es como si nada hubiese pasado, todo termina igual al momento en el que estalla akira. todo vuelve a la normaliad.
motos, drogas encapsuladas, pandillas, la opresión escolar, los gobiernos burocráticos e inútiles, los milicos eficientes, con sentido de la historia y el deber y flor de hijos de puta, mutantes psiónicos, y una sucesión descontrolada de destrucción: akira sintetiza el más pesado realismo distópico con la sucesión incontrable (over the top) de destrucción del cine catástrofe y de persecusiones. akira tematiza todos los traumas de la generación que vino antes que nosotros y después de los que quisieron hacer la revolución: demasiado débiles como hacer algo, con la sangre muy caliente como para no darse cuenta de que el mundo esta podrido, resentidos, derrotados, solo queda vagar por las calles.
akira tiene un despliegue técnico impresionante. otomo es un genio del movimiento, pero también del detalle. cuando uno piensa en arte secuencial japónes, no queda más que alabar el trabajo del movimiento, de las líneas. pero los personajes son, en mayor o menor medida, todos iguales. sin importar que en japón haya miles de dibujantes de cómics, a ellos solo les interesa el movimiento, y generar empatía con el lector dibujando a todos sus héroes iguales. en akira no es así. los personajes tienen razgos orientales, son japónes de ojos rasgados, flaquitos y petisos. pero además de eso, de quebrar la lógica del diseño de personaje industrial típico de japón, otomo se la juega dibujando vehículos con un nivel detalle propio de un enfermo del modelismo. y las arquitecturas... los edificios y el urbanismos son perfectos. otomo tiene un ojo clínino para dibujar un bloque de concreto, una autopista, un túnel, para luego, destrozarlo con una explosión y atiborrarlo de cuerpos despedazados. otomo ama dibujar ríos de cadávares, cuerpos explotando y manchando las paredes de una ciudad que es solo detalle en blanco y negro.
el final de akira debe ser uno de los más copiados que he visto. ese cruce entre apocalípsis programado y existencialismo juvenil ha sido el gran fetiche de la generación que creyó en Hadeki Anno como el último baluarte de la artística animada japonesa. lo que mi generación llama "un final evangelion" (el mismo tipo de final que tienen lain, boogey pop phantom, bubblegum crisis, wings of honneamise, FLCL, etc, etc, etc) debería ser re bautizado como "Un final Akira". Inventó ese final y fue el único que supo hacerlo con gracia.
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